Fabian y el espectáculo de aquel día.
Camino de Santiago

De películas y diarios sobre el Camino.

¿Saben por qué las películas —no documentales— sobre el Camino son tan malas?. Porque es imposible hacer una película que retrate realmente lo que es el Camino, dado que este se trata de lo íntimo y no hay camino igual a otro. No hay generalidades, y si hay, no son más que un documental o un artículo sobre cómo empacar y esas cosas.

Una de las películas que me mencionan cada vez que alguno de mis conocidos se entera de que hice el Camino, es “The Way”, de Emilio Estévez, pero a pesar de que es un drama terrible, reí mucho desde que empezó hasta el final por lo absurda, exagerada y demasiado obvia que me pareció.

The Way, Emilio Estévez.
“The Way”, Emilio Estévez.

Emilio, ¿porqué dar tanta información como si fuera publicidad del Camino si estabas haciendo ficción dramática?, está bien que quieras hacer El Camino más famoso de lo que ya es, pero ¿en serio tenía que ser tan exagerado?. Creo que la publicidad está implícita, y las explicaciones simbólicas se deben dar por si solas en segundo plano dentro de la historia misma o dejar que los espectadores sientan tal curiosidad que los incite a investigar después de verla, pero no meterlas como texto en el guión; me pareció que nos tratas como ignorantes, y eso, como realizadores, eso es un pecado grande. Perdón, pero es demasiado cliché y hay que decidirse si será documental o ficción. Cualquier caminante te podría decir que más allá de “caminar, comer, dormir”, es muy difícil retratar El Camino como tal, es un gran reto, y para mí, el resultado de esta película es pésimo. Incluso en la fotografía… hay mucho paisaje que explotar y te quedó pobre. Te faltó sumergirte en lo subjetivo, trabajar más los personajes y preocuparte menos por dar información histórica-turística sobre este precioso e invaluable viaje; o de menos, debiste apelar a tu propia experiencia como caminante —si es que lo caminaste—, y no como publicista o basarte en un libro que leíste. ¡Hasta los props hombre!.

En fin, ya que externé mi pesar con mis lectores, debo decir que hasta de las películas malas se puede sacar algo bueno, pues ésta me inspiró para comenzar a escribir una serie de artículos sobre lo que sí podemos hablar sobre El Camino: esas anécdotas irrepetibles y únicas que nos hacen reír hasta que nos duele el estómago; o de esas cicatrices que portamos ahora con orgullo, porque hasta “lo peor” del Camino se convierte en una enseñanza, y su cicatriz, es el tatuaje para no olvidarla.

No digo que lo mío es lo que les sucederá si emprenden El Camino, pero al menos quisiera intentar contagiarlos para desear escribir sus propias historias como peregrinos. Para que se den una mejor idea de lo que es hacerlo, les comparto algunos fragmentos de mi diario:

Chris, Emilio, Fabian y yo en Portugalete.
Mi familia peregrina.

Miércoles 14.

Dicen que todo viaje que comienza “mal” termina de maravilla. Así fue la sensación de perderme mientras caminé entre cáctuses, saltando ríos y librando mallas electrificadas… pero aprovechándome de las vistas y rutas únicas no transitadas, y de los frutos de los viñedos vascos, manzanos e higueras. Una ruta de treinta kilómetros que se convirtió en cuarenta el primer día, nos dio la bienvenida a mis tres compañeros caminantes y a mí. Nos introdujo a lo que será nuestro camino los próximos días. Nada es seguro y nada es predecible. Los problemas se resuelven instantáneamente. Nadie se queja, todos avanzamos. Juntos y separados. Maravillados todos, puedo decir.

Perdidos
Perdidos

Sábado 17.

El cuerpo humano tiene la resistencia de la mente, no es la edad ni la experiencia lo que marca la diferencia, sino el convencimiento que tengamos sobre el poder sobrepasar el dolor.

Hoy casi amanece el cuarto día y los primeros cien kilómetros con él; mis primeras ampollas, rasguños, golpes y la sensación de huesos y músculos hirviendo desde los pies hasta los hombros. Lo ideal es cargar no más del diez por ciento de nuestro peso, yo empecé con doce kilogramos que ahora, me imagino, son unos diez, y que la sensación en mi cuerpo es del doble y va en aumento cada día. Lo mínimo indispensable. Diez horas en promedio al día llevando mi hogar en la espalda.

Destrozando mis pies, parte uno.
Destrozando mis pies, parte uno.

Miércoles 21.

Los pastos verdes, intensos y brillantes; la tierra húmeda entre las piedras deformadas por el viento; el mar azul oscuro, profundo y secreto, el azul turquesa e intenso de las olas y esa espuma tan blanca que refleja poder, furia y majestuosidad. Que me impacta, que me enamora. Sonidos que me penetran e inundan mis oídos, que masajean e invaden mis huesos y células, que me reviven y hacen ignorar el dolor, que me hacen flotar sobre el camino. Que me hacen volar.

Nada es descriptible del todo, no hay idioma que pueda usar, no hay lenguaje para lo que hemos vivido, no hay manera de invitar a otros a hacer el camino, pero sabemos que si hubiese una forma de transmitir la experiencia a cada amigo que hemos dejado en el mundo, la haríamos apasionadamente, sabiendo la explosión de amor que sentirían desde adentro.

Fabian y el espectáculo de aquel día.
Fabian y el espectáculo de aquel día.

Miércoles 18.

¿Pero qué concha hago aquí?. Hemos de estar un tanto locos al querer vivir El Camino: de saludar a la ampolla de cada día, de aprender a reconocer las ortigas en el campo con ardor, de sufrir los rasguños y golpes de las ramas, de los granos y rozaduras en la piel producidos por la fricción al caminar, del sentir dolor de huesos y músculos en todo el cuerpo al caminar sin descanso día tras día: esguinces, contracturas, uñas caídas…, de sufrir cada kilo en la mochila, de pasar hambre, sed, quemaduras de sol y frío en las noches, y a veces extremo calor. Preocuparnos por las chinches en los malos albergues, de los piojos, de las arañas y del fuckin’ mosquito que no nos deja dormir… sólo un loco desearía y se prepararía mentalmente para esto. Porque ya lo sabíamos y aún así aquí estamos, amando El Camino como locos. Como locos peregrinos.

Contemplando.
Contemplando, sintiendo.

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