Diario

Viveiro. El descanso esperado.

Después de visitar A Coruña, al fin tomaba el autobús hacia Viveiro. Rodeada nuevamente de los bosques olor a pino y a eucalipto, llegaba por la noche a casa de mis tíos, la casa de mi tan esperado descanso, y a su vez, el sitio donde combatiría la nostalgia de haber “terminado” mi camino. 

Viveiro es un municipio perteneciente a la provincia de Lugo, le da la cara al Mar Cantábrico y goza de terrenos montañosos exquisitos que pareciera lo empujan hacia el mar, por ello, las vistas desde lo alto son de lo más románticas para contemplar tanto de día como de noche. Mi vista favorita es la del Monte San Roque, desde el cual se puede contemplar el Río Landro bordeando el núcleo urbano y continuando hacia la zona rural, la Ría de Viveiro, las montañas vecinas, y por supuesto, el espléndido Mar Cantábrico.

Viveiro dende o Monte San Roque.
Viveiro dende o Monte San Roque.

Los primeros días me dediqué a dormir, a comer los deliciosos platillos, pan y postres gallegos preparados por mi tío y chef José —que pueden degustar y comprobar en la pastelería “Fontenova” ubicada en la plaza con el mismo nombre—, y a tratar de apaciguar un poco las ganas de seguir andando, aunque era claramente represión para dejar sanar a mis pies. Me mantuve y entretuve en casa, recordando historias familiares a través de las fotografías con mis tíos abuelos, y narrando o escuchando algunas nuevas.

A Fontenova. Viveiro.
Praza Fontenova. Viveiro.

La verdad es que cada vez que visito a mis familiares, lejanos y cercanos a la vez, me doy cuenta de lo importante que son reconocer las raíces, mantener los lazos unidos, y apreciar en todas sus formas lo que es tener una familia más allá del núcleo. Si bien, yo no estaba presente en el momento en el que la familia se embarcaba al continente americano (para abrir un restaurante gallego en México), puedo sentir esa alegría del “volver a casa” cada vez que los visito, y aunque nunca fue mi tierra, se siente como si lo fuera. Tal vez algo se me ha transferido genéticamente, o tal vez es mi propio interés en la historia familiar o mi inquietud por vivir como ciudadana del mundo, pero me encanta aprovecharme de la tecnología y de las oportunidades para mantener una comunicación virtual y copresente, que antes era inconcebible y que me enriquece grandemente.

Después de las fiestas y banquetes familiares, de salir de vinos por la ciudad que resistió a los ataques de los piratas en el siglo XVI, y de intentar pasear a Isso (el perro más hermoso y fiel del mundo), comencé a caminar y explorar los alrededores rurales.

Con Isso, guapo.
Con Isso, guapo.

Chavín es la parroquia a la que pertenece mi familia, y a unos metros de casa tenía uno de los bosques más mágicos de Galicia, Souto da Retorta, poblado de los eucaliptos más viejos que he visto, y entre ellos, “O Avó” (El Abuelo), plantado en el año 1880 y considerado el árbol más grande de España por su peculiar grosor. Además, en esta área, se pueden encontrar otras especies de árboles típicos de Galicia, y disfrutar de los jugueteos de dirección que hacen las aguas transparentes y frescas del Río Landro. Mi tía Carmen, me ha instruido en cuando a vegetación y no puedo más que compartir esta imagen de las hojas y nombres de algunos de los árboles que encontramos (todos los niños gallegos saben esto).

Hojas de árboles gallegos.
Hojas de árboles gallegos (Faltó el Ameneiro).

Tampoco perdí la oportunidad de conocer la parroquia de Valcarría, no porque la tuviera pensada, sino porque una exploración por los caminos entre los bosques de Chavín, me llevó a esta zona en la que viven familias que gozan de las aguas de uno de los brazos del Río Lando, el Rego de Loureiro, y que además es totalmente potable debido a la vegetación que lo rodea y purifica.

Viveiro. Entre Chavín y Valcarría.
Entre Chavín y Valcarría.
Valcarría
Rego de Loureiro. Valcarría

Poco antes de comenzar el Camino de Santiago, también visité a mi familia, y no quiero dejar de mencionar otro lugar fantástico que es un must-see si es que planeas una visita al norte de Galicia. Los acantilados de Loiba. Fue aquí donde me llené de fuerza y ganas por recorrer toda la costa norte de España en compañía constante del ruidoso Cantábrico, y que además se encuentra a pocos treinta y cinco minutos de Viveiro en autobús, y poco menos en auto —o poco más si haces paradas estratégicas para conocer otros lugares—.

Los Acantilados de Loiba.

Acantilados de Loiba.
Los Acantilados de Loiba.

Loiba se encuentra en la Sierra Dorsal Gallega, en la Sierra de Faladoira específicamente; lo más hermoso de este lugar es estar parado a la orilla de los acantilados de unos cincuenta o sesenta metros de altura sobre el nivel del mar, escuchar los bramidos de las olas estrellarse en ellos, y sentir el viento fresco mientras se contempla el atardecer. Claro que hay que tener suerte para que no esté nublado, y por otro lado, aventurarse a pisar los sitios con mejores vistas; de otro modo y si padeces de vértigo, también se goza mucho desde “el banco más bonito del mundo” —o uno de los tres bancos más bonitos del mundo, los tres en Loiba—. A propósito de esto: hay que explorar más adelante del primer banco, porque todos los visitantes se quedan ahí, cuando lo mejor está a pocos metros delante. Loiba es el sitio perfecto para darnos un descanso y contemplar un fragmento del planeta que habitamos.

Uno de los bancos más bonitos del mundo
Uno de los bancos más bonitos del mundo.
Loiba
Atardecer en los Acantilados de Loiba.

Y si lo tuyo también es explorar bosques y ríos, te recomiendo bajarte del auto en el camino hacia Loiba desde Viveiro y visites el Río Sor y el puente colgante del Refuxio da Furada. Sus ríos son de lo mejor para hacer un día de campo, recorrer el bosque e incluso pescar. Sólo no olvides llevar un mapa o un GPS que te diga por dónde salir, ya que no está tan sencillo llegar —pero hay recompensa por el esfuerzo—. Yo gocé de la guía familiar.

Refuxio da Furada.
Refuxio da Furada.
Un pequeño mapa.
Un pequeño mapa. Intervenido, pero mapa.

Otra de las cosas que se pueden hacer en Viveiro, es hacer un paseo en barco, y si puede ser para pescar, mucho mejor. Debo recordarles que no hay mariscos como los del Cantábrico (seguro se deben en gran parte a sus aguas agitadas y heladas).

¡Tendremos arroz con bogavante!
¡Tendremos arroz con bogavante!

Tampoco hay que olvidarse de las múltiples playas para gozar del mar y de la arena, o del darse una vuelta en las zonas rurales para ver las aún existentes “casas de indianos“, de migrantes gallegos, que volvieron a sus tierras gritando a toda voz —o a toda casa— de la fortuna que se hicieron en “Las Américas”.

Casa de indianos. Viveiro.
Casa de indianos. Viveiro.

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