Roadtrip México. Ya me invadía el cuerpo y la mente la idea de salir a explorar otras tierras. Tuve la suerte de que Fabian, uno de mis amigos del Camino de Santiago, se decidió por conocer México, así que lo tomé de pretexto para comenzar un roadtrip sin fecha de término.

Comenzamos en la ciudad de México, a pesar de ser mi ciudad de origen, es verdad que poco la conozco. Tuve la suerte –porque no me gusta la ciudad–, de vivir a las afueras rodeada de bosques, así que cada ida a la ciudad significa una travesía de al menos una hora o dos en mi Jeep, y cada vuelta, lo mismo.

Jeepy
“The real voyage of discovery consists not in seeking new landscapes, but in having new eyes”. Marcel Proust

Hice una lista de acuerdo a mis gustos, de lo que debería visitar todo viajero explorador con ganas de conocer las múltiples y surreales caras de la ciudad. Me parece será útil para quien no sepa qué hacer en esta enorme urbe o quiera hacer algo distinto.

La primera recomendación, por ser poco conocida, es ir a hacer senderismo al Parque Ejidal San Nicolás Totolapan, en el Ajusco. Se puede caminar por senderos hasta la cima más alta a unos 4,000 metros sobre el nivel del mar, y contemplar desde arriba el pulmón que aún sobrevive a la contaminada ciudad. Si es temporada de lluvias se convierte en un mirador a la metrópoli; si es invierno, se verá la nata gruesa y gris de la que estarás alegre de poder evitar; si es época de calor, es raro que se aprecie algo más distante que los espléndidos pinos y árboles gigantes del Ajusco, pero más no hace falta. En éste mismo parque, también puedes disfrutar de un picnic con amigos o familia; hay dos “restaurantes” en la zona, uno donde puedes pescar trucha junto al río, y otro que es un puesto de quesadillas, caldos y deliciosos panes de elote calientitos bañados en cajeta. Ambos se encuentran entre 1 y 3km de la entrada al parque por la Carretera Picacho-Ajusco (km 11.5). Los fines de semana se practica downhill, así que es más concurrido por los citadinos y vecinos amantes de los deportes extremos, pero se disfruta igual al ser el bosque enorme. Solo hay que tener cuidado de no ser atropellado por uno de ellos. ¡Pista!, es lo que gritan cuando quieren que te hagas a un lado.

3,600 mts. sobre el nivel del mar.
3,600 mts. sobre el nivel del mar.

Una vez en el Ajusco, recomiendo darse una vuelta para conocer el pueblo de Santo Tomás Ajusco. Este tiene la iglesia más alta de la ciudad –por altitud, no por altura–, a más o menos unos 3,000 metros sobre el nivel del mar. Cuenta la gente que Emiliano Zapata solía esconderse ahí durante la Revolución Mexicana. El pueblo es pequeño, pero cerca de su plaza principal hay un restaurante donde preparan barbacoa los fines de semana, deliciosa.

Para seguir con el tema, el siguiente punto de interés es el Monumento a la Revolución. Su construcción estaba planeada para ser un palacio de gobierno, con dimensiones y lujos innecesarios y onerosos, así que al estallar la Revolución se detuvo su construcción y nunca se concluyó. Lo que se aprecia hoy es sólo la cúpula del palacio. Actualmente es el punto de encuentro de la mayoría de las protestas, marchas y manifestaciones en contra del mal trato y de los abusos del gobierno hacia nosotros, el pueblo.

La vista desde el café "Don Porfirio", tomando una "horchata caliente".
La vista desde el café “Don Porfirio”, tomando una “horchata caliente”.

Sobre la ciudad, hay calles que se tienen que caminar. Comenzando por el centro, la calle del músico o Bolívar, cuenta con un paisaje sonoro estruendoso, pero complejo e interesante; cada local tiene su propia música con bocinas que apuntan hacia la calle, caminar se vuelve un fade-in y un fade-out de miles de piezas sonoras, gente, autos y demás sonidos ocasionales.

Después están las calles peatonales: Regina, conocida como el corredor cultural por sus intervenciones artísticas y los museos, pero también por sus restaurantes y bares. Si lo que buscas es vida nocturna, Motolinía es la calle perfecta: mucha gente casi a todas horas. Madero es la calle peatonal principal, que va del Zócalo hacia la Alameda Central, pasando por la Casa de los Azulejos (ahora un Sanborns) y la Torre Latinoamericana. Una vez en la Alameda Central, recomiendo subir a tomarse un café en el SEARS, pues tiene una terraza justo frente al Palacio de Bellas Artes, estupenda para tomar fotos. Claro que sugiero también perderse un poco, en el centro hay una calle para todo.

Hora pico peatonal en Madero
Hora pico peatonal en Madero

Cada Delegación de la ciudad tiene su propio centro, uno de los más populares es Coyoacán. Ahí es donde están los museos de los famosos pintores internacionales, Frida Kahlo y Diego Rivera, pero la verdad es que Coyoacán tiene más que eso, es una pequeña ciudad colonial con vida nocturna y diurna todo el tiempo, mercados de comida y de artesanías, casas de cultura tanto de México como de otros países, la Fonoteca Nacional, que era la casa de Octavio Paz y en la que ahora se pueden apreciar conciertos y conferencias de artistas de lo sonoro; las tiendas de helados, los churros clásicos de cajeta y lechera, el café El Jarocho y su “chocotibio”, y un montón de sitios dónde comer y caminar. También cerca de Coyoacán se encuentra la Cineteca Nacional, en la que se proyectan películas, documentales y conciertos en la noche, al aire libre y gratis. Una de las mejores cosas de México, es que el cine se puede apreciar en el idioma original y por un precio envidable para todos los cinéfilos del mundo.

Coyoacán.
Coyoacán.

Otro de los centros que me gusta, es el Centro de Tlalpan, prácticamente es un Coyoacán en pequeño y más privado. Con restaurantes, bares, conciertos y calles coloniales, bonito y generalmente tranquilo para caminar al rededor.

Después entramos a otro mundo, el de la clase media queriendo ser de clase alta, La Condesa y La Roma. Ambos son excelentes con la vida nocturna, los bares y la variedad de cervezas y comida, los camellones, los parques y las calles casi siempre seguras a todas horas. Es tan popular, que muchos jóvenes prefieren gastar sus salarios en un departamento en esta zona, que ahorrar para mejores cosas, pero es un lugar tranquilo y se encuentra de todo y a todos precios.

Gypsy jazz y la Roma.
Gypsy jazz y la Roma.

Polanco es la zona cara, pero que merece la pena ver. Las casas son de familias de clase alta o media alta, y los comercios están dedicados también a ellos, pero caminar por la Avenida Homero y Presidente Masarik pasando por edificios de diseño para marcas prestigiosas de moda es otra cara que hay que conocer de la ciudad. Yo recomiendo las calles Julio Verne, Oscar Wilde y Emilio Castelar para tomarse un café, comer hamburguesas vegetarianas o algo así, y disfrutar de un helado en la clásica Roxy.

Otro must-do es visitar el Castillo y Bosque de Chapultepec, que de castillo tiene poco, pero de historia tiene mucho. Ahí vivían Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota cuando estábamos bajo el imperio Francés. A la emperatriz le debemos el Paseo de la Reforma, que es una línea recta desde el castillo hasta el centro de la ciudad. En el Bosque de Chapultepec está el Museo Tamayo y el Museo Nacional de Antropología, el primero sobre arte contemporáneo selecto (nunca me ha decepcionado, y la arquitectura del edificio es preciosa), y el segundo es enorme hermoso y merece la pena visitar. En el mismo bosque se puede visitar el Lago de Chapultepec, u observar una representación de los Voladores de Papantla.

Paseo de la Reforma, un fragmento.
Paseo de la Reforma, un fragmento.

Si se te antoja una plaza donde puedas comer, beber y comprar artesanías de boutique, visita la Plaza San Jacinto el Sábado. Incluso hay un teatro y algunos museos al rededor; se encuentra en San Angel, al sur de la ciudad. Una vez ahí, si tienes ganas de caminar, sigue el empedrado hasta llegar a la colonia Chimalistac, es un pequeño barrio que fue comido por la ciudad, pero que preserva su belleza colonial, sus cazonas y sus parques. Pocas personas conocen esta zona, pues es zona de viviendas, pero vale la pena por la vista y la idea de lo que fue en otra época la ciudad, cuando no estaba tan sobrepoblada.

Chimalistac.
Chimalistac.

Más al sur de la ciudad, están las famosas Trajineras en el lago de Xochimilco, son una especie de tablas flotantes de madera, pero no para pescar, sino para hacer una fiesta sobre el lago, con amigos, tequila y cervezas. La verdad es que es caro para ir solo, pero si se va en grupo se puede aprovechar bastante, comer algo e incluso rentar mariachis para amenizar la tarde. Muy cerca de ahí, se encuentra el parque Cuemanco, donde se pueden rentar lanchas para remar, ir a caminar entre la naturaleza y aprender sobre la flora y fauna mexicana.

Finalmente, y porque la comida mexicana es de lo mejor del país. No hay que perderse comer flautas y probar el flan en La Casa de Toño de la Zona Rosa, ir por unos tacos al Borrego Viudo en Tacubaya o a Los Pericos de la Del Valle, y pedir un pozole en Potzolcalli. Cabe decir que los mejores tacos al pastor del país están en la ciudad de México. Y una mañana, salir a comprar tamales y atole en el puesto de la esquina, en verdad hay en todos lados y éste es el desayuno de los campeones mexicanos madrugadores.

Pozolito.
Pozolito. Provecho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comments on “Roadtrip México. Ciudad de México.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *